Cuánto cuesta una página web es la primera pregunta que me hace casi todo el mundo. Antes de contarme qué vende, a quién, qué problema tiene o qué necesita resolver: «cuánto cuesta una web?».
Tiene sentido. Es lo primero que ayuda a saber si seguir leyendo o no. Pero es también la pregunta más difícil de responder con honestidad, porque la respuesta correcta es: depende.
No como excusa para no comprometerse. Sino porque una página web no es un objeto con precio fijo en la estantería. Es un proyecto. Y los proyectos tienen alcance. Y el alcance determina el precio, no al revés.

El Whopper y el precio de tu web
Imáginate que vas al Burger King. Sabes lo que quieres: un Whopper. Pero hay una versión básica y una con doble carne, extra de queso, bacon y aros de cebolla. Sigue siendo un Whopper. El precio no es el mismo, porque lo que llevas dentro tampoco.
Con una web pasa exactamente igual. Puedes tener una web que cumple su función básica — apareces, explicas lo que haces, alguien puede contactarte — o puedes tener una web pensada para crecer, con estructura de posicionamiento, con funcionalidades específicas para tu negocio, con contenido estratégico desde el primer día. Las dos son «una web». El precio no es el mismo.

¿De qué depende el precio de una página web?
No hay un catálogo cerrado, pero hay tres franjas reales que reflejan cómo trabajo y qué tipo de proyectos existen en la práctica.
La web de conversión
Es la versión más directa. Se aplica la identidad de tu marca, se construye un embudo de ventas claro — quién eres, qué haces, por qué elegirte, cómo contactar — y se deja lista para empezar a posicionarse en Google. Es suficiente para la mayoría de negocios que necesitan presencia digital y un canal de entrada de clientes.
Lo que la define no es que sea «pequeña» o ºbásica». Es que su objetivo es uno concreto: convertir visitantes en contactos.
La web estratégica
El siguiente nivel no es «más páginas». Es que hay más trabajo y más estrategia detrás. Esta web no está pensada para una campaña puntual. Está pensada para prevalecer y funcionar en el tiempo — es el inicio de una presencia estabilizada.
Puede incluir plugins desarrollados a medida que resuelven problemas específicos de tu negocio que no tienen solución comercial, integraciones con sistemas externos, o estructuras de contenido pensadas para posicionamiento a largo plazo.
Un ejemplo real: un cliente vende bombas hidráulicas. El comprador sabe lo que necesita instalar, pero no sabe qué modelo comprar. Antes, llamaban por teléfono, compraban mal, y devolvían. Ahora hay un motor de selección integrado en la tienda: introduces caudal y altura, el sistema devuelve el modelo exacto. Ese sistema no existía como producto comercial — lo construimos desde cero. Eso es lo que hace que esta web cueste más: no el número de páginas, sino el problema que resuelve y el trabajo que hay detrás.
El proyecto complejo
Existe una tercera franja para proyectos con historia: migraciones de plataforma, catálogos con miles de productos, webs que llevan años funcionando con tecnología obsoleta y clientes reales que no pueden dejar de comprar mientras se hace el cambio.
En esos casos el trabajo no es solo diseñar y construir. Es entender una arquitectura existente, traducir datos y pedidos a un entorno limpio, y garantizar que el negocio siga funcionando durante la transición. A veces eso implica hacer una «web salvavidas» primero — para que el cliente siga vendiendo mientras construimos la definitiva con estrategia.

¿Y si mi presupuesto no llega?
Esta es la conversación que más me gusta tener, porque casi siempre tiene solución.
Si alguien viene con un presupuesto que no alcanza para lo que necesita, no le digo que no. Le explico las opciones que se ajustan a lo que tiene ahora y, si tiene sentido, diseñamos un plan por fases: arrancas con lo que puedes hoy, y cuando el negocio crezca, añadimos la siguiente capa. También trabajo con planes de pago flexibles cuando confío en la persona y en el proyecto.
Porque no todo el mundo puede hacer una inversión de golpe. Y eso no significa que su proyecto no merezca una web buena.
Lo que sí hago es trabajar con personas, no con fichas. Me fijo en cómo habla alguien de su negocio, en el compromiso que hay detrás de un proyecto, en las ganas reales de que esto funcione. Eso influye más de lo que parece en cómo encaramos el trabajo juntos.
El precio que no tiene precio
A veces hago webs gratis. No porque no tenga trabajo, sino porque hay proyectos donde lo que se está construyendo merece apoyo y la mejor forma que tengo de darlo es esta. Organizaciones que funcionan a pulmón, sin financiación, con mucho corazón y pocos recursos.
No todo es hacer dinero. A veces es dar lo que sabes para ayudar a otros a crecer — y que se acuerden de ti cuando las cosas vayan bien.
¿Cuánto cuesta hacer tu página web? Empieza aquí
Todavía no lo sé. Pero puedo saberlo si hablamos.
Lo primero que hago siempre es una Radiografía: una sesión de trabajo donde entiendo qué tiene tu negocio, qué necesita tu web y qué tiene sentido construir en este momento. Sin números en el aire, sin compromisos de inicio.
Después hay precio. Y tiene sentido.
Si quieres ver cómo aplico esto en proyectos reales, puedes ver mis servicios o revisar algunos de los proyectos que he desarrollado.