La pregunta que más me frustra no es ¿cuánto cuesta una web?. Es otra: «tengo web, pero no me entra nada». Casi siempre tiene que ver con algo que nadie explicó antes de publicarla.
Publicar no es abrir la tienda
Mucha gente cree que publicar una web ya es empezar a vender. Que los clientes aparecerán por el simple hecho de estar en internet, como si colgar el cartel de «Abierto» bastara para llenar el local. No funciona así. Y no es culpa tuya no saberlo: casi nadie te lo dice antes de cobrarte.
Lo que encuentro cuando reviso una web que no funciona
Nadie la gestiona. Se publicó y ahí se quedó. El contenido está como el primer día y el cliente no sabe cambiar ni un texto de la portada.
Está sepultada en plugins. Uno para esto y otro para aquello. La web se vuelve lenta, aparecen errores y el usuario se va sin decir nada.
No le llega nadie. Funciona, pero las redes no llevan a ella y se espera que Google haga todo el trabajo desde el primer día.
El visitante no sabe qué hacer. Llega, mira y se va. Al cliente de Bombas Pumps no le faltaba información técnica, le sobraba. Le faltaba saber qué bomba comprar. Por eso la tienda tiene Hidro-Logic: responde la duda que antes solo se resolvía por teléfono.
Tres comprobaciones para empezar
- ¿Te encuentra Google? Busca tu servicio y tu ciudad. Si no apareces, el problema es de visibilidad.
- ¿Qué dicen los datos? En Search Console y Analytics ves si te llegan visitas y qué hacen. Si llegan pero no contactan, el problema es de conversión. Si no llegan, es de tráfico. Son problemas distintos.
- ¿Se entiende en cinco segundos? Entra en tu web como si no la conocieras. ¿Sabes qué hace y qué paso dar?
No estás solo en esto
Me importa que, al terminar, la persona sepa manejar lo que tiene. Una web que no entiendes no es del todo tuya: es una caja negra que depende de que alguien esté siempre disponible.
Si quieres saber qué le pasa a la tuya, cuéntamelo. La primera conversación no tiene coste.

