Contratar un diseñador web es una de las decisiones más importantes que toma un negocio cuando da el salto digital. Y también una de las que más veces sale mal — no porque el diseñador sea malo, sino porque nadie le enseñó al cliente qué preguntar antes de decir que sí.
El error que más duele al elegir diseñador web
Tengo dos anécdotas que ilustran exactamente lo que puede salir mal cuando delegas todo en un desconocido sin tener claras las reglas del juego.
La primera: un cliente llega a mí sin web. Literalmente sin web. Su diseñador anterior había trabajado por canje con el negocio, y cuando la relación se rompió por el motivo que fuera, el diseñador se llevó el hosting. De un día para otro, la web desapareció. Tuve que entrar, recuperar lo que pude desde el HTML en caché, comprar un dominio nuevo, contratar hosting, y reconstruir todo desde cero. Lo logramos. Pero el daño estaba hecho.
La segunda: otro cliente que lleva años pagando a distintos profesionales para parchear problemas en su web. Un parche aquí, otro allá. A día de hoy ha gastado más de 12.000€ en remiendos — sintiendo que nunca debería haber cambiado la web que tenía antes. El problema no fue el primer diseñador. Fue que nadie le explicó qué estaba comprando realmente ni qué podía exigir.
Lo que deberías exigir siempre: transparencia y control
En resumen, el error más gordo que comete la gente al contratar a un diseñador web es delegar absolutamente todo en un desconocido sin entender qué está comprando.
Aunque te genere confianza — y puede que se la merezca — tienes que saber qué alcance tiene el trabajo, qué está incluido y qué no, qué es tuyo al final del proceso y qué puedes reclamar si algo sale mal. Sin esa claridad, estás apostando a que la relación nunca se rompa. Y eso no es una estrategia.

5 preguntas que deberías hacerle a cualquier diseñador antes de contratar
No hacen falta veinte preguntas. Con estas cinco ya filtras bastante bien:
- ¿Quién será el titular del dominio y el hosting? Debería ser tuyo. Siempre. Si el diseñador pone el dominio a su nombre o gestiona el hosting desde su cuenta, dependes de él para siempre — y si la relación se rompe, lo puedes perder todo.
- ¿Qué pasa si necesito un cambio después de entregar? Que haya un período de ajustes incluido no es opcional, es lo normal. Pero también necesitas saber qué pasa después: ¿hay mantenimiento?, ¿cuanto cuesta un cambio pequeño?, ¿puedo tocar yo la web o lo rompería todo?
- ¿Voy a poder gestionar mi propia web? Una buena web es la que tú puedes usar sin llamar a nadie cada vez que necesitas cambiar un texto o añadir un producto. Si el diseñador no puede explicarte cómo funciona lo que te entrega, algo falla.
- ¿Tienes proyectos similares al mío? No se trata solo de que el portfolio sea bonito — se trata de que entienda tu sector, tus usuarios, lo que necesita tu negocio específicamente. Un diseñador con experiencia en tiendas de moda no es automáticamente el adecuado para una clínica o un despacho.
- ¿Qué está incluido exactamente y qué no? Que quede por escrito: número de páginas, funcionalidades, integraciones, SEO técnico, velocidad, adaptación móvil. Sin esto, cada “eso no estaba en el presupuesto” es un parche que te van a cobrar.
Lo que yo hago diferente: tú eres parte del proceso
Desde el primer día, intento hacer al cliente partícipe de lo que estamos construyendo. No para que haga mi trabajo — sino para que nunca se sienta ajeno a algo que es suyo.
Todos mis clientes han llegado sin saber qué es un hosting o un dominio. Y está bien, no tiene por qué saberlo. Pero sí necesitan entenderlo lo suficiente para no depender ciegamente de nadie. Lo que suelo explicarles es esto: hay un ayuntamiento — el sitio donde compras el dominio — que te da una dirección para vivir — el dominio — y una parcela — el hosting — para que construyas tu casa — tu web. Con eso, ya tienen el mapa.
En cada fase del proyecto aclaro qué es cada cosa, por qué lo estamos haciendo así, y qué puede tocar el cliente y qué mejor que no. El objetivo es que cuando terminemos, nunca te quedes con la sensación de “nadie me dijo esto”. Porque esa sensación es el principio de todos los problemas que he descrito arriba.

¿Quieres saber si tu web actual tiene estos problemas — o evitarlos antes de empezar una nueva? En la Radiografía revisamos todo lo que tienes, identificamos dónde están los agujeros y te doy un plan claro. Sin compromisos.